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HERMANOS DE ARMAS

Los lanzadores Alcántara y López de los Marlins traen excelencia bajo el radar a Miami

Por Jerry Crasnick

El receptor Jacob Stallings de los Miami Marlins puede decir cuál de los mejores abridores del equipo está lanzando en un día determinado según la cantidad de palabras dichas antes de la práctica de bateo en la casa club.
 

Pablo López, el segundo abridor del equipo, es un jugador obsesivo en su preparación, siempre al acecho de aprender algo nuevo en video o en los informes de los escuchas. Si encuentra un fragmento de información que podría darle una ventaja, López se lo mostrará a Stallings para obtener su opinión, una conversación que continúan en el dugout durante todo el juego.
 

Sandy Alcántara, el as de los Marlins y candidato residente al Premio Cy Young, está más inclinado a guardar sus pensamientos y mantener la conversación al mínimo. Es amigable y accesible cuatro de cada cinco días. Pero cuando llega el momento de tomar la pelota, él es el único habitante de "Sandylandia".
 

"Sandy literalmente no dice cinco palabras el día en que abre un partido", dice Stallings.
 

Si la soledad mejora la concentración, y la concentración se traduce en rendimiento, ¿por qué cambiar? Alcántara tiene marca de 9-3 con una efectividad de 1.82, tercero entre los abridores de Grandes Ligas detrás de Shane McClanahan, de los Rays, y Tony Gonsolin, de los Dodgers, y además está clasificado entre los cinco primeros en WAR y otras categorías. Está haciendo justicia al apodo de "Sandman" ("El hombre de arena"), que durante mucho tiempo se ha asociado con Mariano Rivera, el mejor cerrador en la historia de las Grandes Ligas y el único jugador seleccionado de forma unánime al Salón de la Fama del Béisbol.

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"Siento que todos (los bateadores) en las Grandes Ligas en este momento no querrían enfrentar a Sandy, y todos los lanzadores quieren lanzar como Sandy", dice López. "Creo que él merece mucha más atención por lo que está haciendo en este momento. Es fascinante de ver, pero, a la vez, también podría ser algo bueno volar bajo el radar".
 

El perfil nacional de Alcántara es tenue por su personalidad de voz suave y el estatus de los Marlins como la 29no mejor atracción en casa en las mayores, pero su dominio es innegable para los bateadores que tienen que lidiar con su aplomo, intensidad y variado arsenal de lanzamientos. Es una fuerza cada cinco días y un candidato seguro para su segundo equipo de Todos Estrellas en su carrera.
 

Además, sigue mejorando con la ayuda de su asistente número uno. Alcántara y López le dan a los Marlins dos bloques de construcción organizacionales que elevan sus juegos mutuamente con sus estilos contrastantes y un aprecio compartido por su oficio.
 

Tomó algún tiempo para que sus caminos profesionales se unieran. Alcántara, de 26 años, firmó con los Cardenales de San Luis a los 17 años y llegó a Miami como parte de un paquete de cuatro jugadores por el jardinero Marcell Ozuna en 2017. López, también de 26 años, comenzó su carrera con Seattle a los 16 antes de llegar a Miami en un canjeo por el relevista David Phelps en 2017.
 

Alcántara creció en una familia humilde con 11 hijos en la República Dominicana. A los 11 años, dejó su ciudad natal de Azua y se mudó a Santo Domingo, a tres horas de distancia, para vivir con una hermana mayor. La mudanza fue una bendición para sus aspiraciones de béisbol, pero abandonó la escuela en el octavo grado y hablaba exclusivamente español cuando llegó a Florida para jugar en la Liga de la Costa del Golfo en 2015.

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Impertérrito, Alcántara se comprometió a tomar clases y a relacionarse con sus compañeros de habla inglesa en las menores. Progresó rápidamente y ahora completa entrevistas rápidamente en su segundo idioma sin un traductor.
 

"El primer año, cuando vine aquí a los Estados Unidos, no sabía nada de inglés", dice Alcántara. "Sólo sabía decir 'Hola' a la gente. Tenía miedo de ir a los restaurantes, y tenía que señalar la comida con el dedo. Ahora estoy aquí y sé cómo tener una conversación con la gente, cómo pedir mi comida, cómo hablar con mis compañeros de equipo y los medios de comunicación.  Es realmente importante para mí ahora que estoy viviendo aquí en los Estados Unidos".
 

Con cada salida triunfante y su creciente reputación como caballo de batalla, Alcántara está comenzando a acomodar más solicitudes de entrevistas en su agenda.  En 2021, se unió a Zack Wheeler, Walker Buehler y Adam Wainwright como uno de los cuatro abridores de Grandes Ligas en superar las 200 entradas. Este año, acumuló 115 entradas antes de que otro abridor de Grandes Ligas llegara a 100.
 

Alcántara promedia 97.8 mph con su bola rápida (segundo después de Gerrit Cole por el calentador más rápido en las mayores) y una alucinante velocidad de 91.8 mph con su cambio, pero prefiere provocar un contacto débil que acumular abanicados. Tiene el 43to mejor promedio de ponches entre los abridores de Grandes Ligas. Pero es un modelo de economía de lanzamiento, con un promedio de 14.16 lanzamientos por entrada, el mejor de las mayores. Todos esos rodados de conteo bajo pagan dividendos cuando está coqueteando con los tres dígitos en la séptima, octava y novena entradas.

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"Creo que, si le preguntaras, él preferiría tener un juego completo con cinco ponches que lanzar seis entradas y tener 10 ponches", dice Stallings. "Es como su mentalidad, y se nota".
 

En diciembre, los Marlins recompensaron a Alcántara con una extensión de contrato de $56 millones de dólares, y él ríe cuando se le pregunta quién pagará la cuenta en su excursión de cena planificada con los abridores del equipo durante el próximo receso en el calendario.  "Si tengo que pagar, pagaré por cualquiera", dice, "porque somos familia".
 

Mientras que Alcántara tiende a dominar la conversación, López está construyendo un portafolio impresionante con un repertorio de cuatro lanzamientos y mucho ingenio. Tiene una efectividad de 2.97 y está limitando a sus oponentes a un promedio de bateo de .214 en 16 aperturas.  En su última salida el pasado domingo mantuvo un no-hitter hasta la séptima entrada contra los Nacionales.
 

"Sandy tiene un talento increíble en que puede ir al montículo con la actitud de, 'Soy mejor que todos y te voy a dominar'", dice López.  "Yo, por otro lado, tengo que ser un poco más táctico. Tengo que tener un enfoque diferente porque no tengo las cosas que él tiene".

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López tiene una reputación bien documentada como el cerebro de la casa club. Su padre Danny y su madre Agnedis eran médicos en su Venezuela natal, y López recuerda a Agnedis estudiando minuciosamente muestras de biopsias a través de un microscopio cuando tenía siete u ocho años.  La educación lo era todo en el hogar de los López, y el joven Pablo aprendió a hablar cuatro idiomas cuando era adolescente.  Su italiano se atrofió gradualmente por la falta de uso, por lo que ahora sólo habla inglés, español y un portugués pasable.
 

"Sí, es muy inteligente", dice Alcántara. "Lo llamamos 'Google', porque si tienes una pregunta y no tienes la respuesta, vas adonde Lopey".
 

Los amigos y compañeros de equipo se han apoyado mutuamente en tiempos difíciles.  Agnedis murió en un accidente automovilístico cuando Pablo tenía 11 años, y Danny sufrió un ataque cardíaco mortal en 2020. Cuando López estableció un récord de Grandes Ligas al ponchar a nueve jugadores consecutivos de los Bravos al comenzar un juego el 11 de junio de 2021 — el primer aniversario del fallecimiento de su padre — López sintió que el espíritu de Danny lo guiaba.
 

"Desperté ese día muy consciente de la fecha", dice López. "Necesitaba un poco de ayuda extra para hacer lo que hice ese día. Creo que, en cierto modo, esa ayuda extra vino de él".

En modo similar, Alcántara halló una fortaleza interior mientras superaba una tragedia. Su hermano Alexander (apodado "Lexi") murió en un accidente de motocicleta en 2017, y en julio pasado también perdió a su madre Francisca por cáncer de pulmón.  Alcántara escribió el mensaje "RIP Mom & Lexi'' en su guante para poder sentir su presencia con cada viaje al montículo.
 

Cuando Alcántara regresó del funeral de Francisca el verano pasado, López estuvo allí con palabras de empatía y consuelo.
 

"Aunque mi madre falleció hace 15 años, es algo que nunca desaparece", dice López. "Al menos una vez al día, algo me recuerda a mi madre. No puedo explicarlo".
 

"Yo sabía el lugar donde él estaba y los lugares donde iba. Sandy siempre está feliz y a veces no dice muchas palabras. Entonces, le hice saber: 'Sé que estás sufriendo. Si alguna vez necesitas a alguien con quien hablar, no dudes en hablar conmigo'".
 

Mientras prosiguen sus carreas en las mayores, ambos lanzadores continúan creciendo como compañeros de equipo y como profesionales.  Uno es estoico; el otro, gregario. Uno es introvertido; el otro, hablador.  Pero ellos se complementan de una manera que hace que el todo sea más fuerte que la suma de sus partes.  Individualmente, son formidables. Juntos, mucho más.