Una promesa hecha realidad

Framber Valdez cumplió su compromiso de construir una iglesia en su pueblo natal

Por Jerry Crasnick

Mucho tiempo antes de llegar a enfocarse en fortalecer su brazo y desarrollar su arsenal de lanzamientos, la obsesión de Framber Valdez era… vamos… construir. Su madre vendía jugos  y empanadas en su cafetería, su padre tenía una empresa de construcción en Palenque, República Dominicana, y el joven Framber estaba fascinado con las casas y todo el trabajo y planificación necesarios para su creación y fabricación.


Valdez también se dedicó a su fe cristiana, y a los 14 años empezó a asistir a una iglesia local cuyo lema era “Camino al Cielo”. La iglesia estaba hecha de madera, con sillas y partituras rotas, y un piso sucio y enmohecido por el daño del agua. En medio de toda la mugre, Yamber prometió al Pastor Antonio, su amigo y mentor, que un día llegaría a las Grandes Ligas para retribuir en una manera palpable a la comunidad.
 

“Siempre le pedí a Dios que siguiera ayudando y bendiciéndome; a cambio, yo construiría una iglesia en Guayacanes para el Pastor Antonio”, dijo Valdez en una entrevista en español. “Ahora estoy logrando esa meta. Estoy muy enfocado en dos cosas: en mi carrera y en construir esta iglesia”.

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Valdez, de 28 años, está progresando profesionalmente como miembro de la rotación inicial de los Houston Astros. En la temporada 2021 estableció marcas personales, con un récord de 11-6, un promedio ERA de 3.14 y 125 ponches en 22 partidos iniciados y 134 2/3 episodios, además de iniciar dos juegos contra Atlanta en la Serie Mundial. Aunque no llegó al tercer inning en ambas salidas, registró la experiencia como una oportunidad para crecer en el futuro.


Pero… empecemos por el principio: Valdez visita el terreno de la iglesia día tras día en esta temporada muerta y supervisa la entusiasta actividad como director residente de la obra. Con la ayuda y el consejo de su padre, Framber está erigiendo una estructura de 1,500 pies cuadrados con capacidad para unos 50 feligreses.

“No me emociono porque la comunidad me elogia”, dijo. “Me emociono porque soy yo que está haciendo esto. Estoy realizando un sueño que muy poca gente tiene la oportunidad de realizar”.

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Valdez concibió los planes y está involucrado en cada detalle — desde las columnas a las puertas y ventanas — con el objetivo de completar el templo antes del Año Nuevo. Cuando aprieten el último tornillo y martillen el último clavo, Framber habrá gastado de su bolsillo unos $2 millones de pesos en el proyecto (aproximadamente US$100,000).

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Valdez tiene firmes raíces en una comunidad con una larga tradición de béisbol. Francisco Liriano, Iván Nova, Franmil Reyes, Juan y José Uribe son algunos de los peloteros de Grandes Ligas crecidos en la misma área de la provincia de San Cristóbal. Sin embargo, Valdez apenas pensaba en las Grandes Ligas durante su niñez hasta que vio unos cuantos juegos en TV y de pronto comprendió que su compatriota Pedro Martínez era un modelo a seguir.


“Yo fui uno de esos muchachos que se ven jugando descalzos en las calles — buscando gallinas, tirando piedras y rompiendo cosas”, añadió, “sólo explorando. No tenía tiempo, ni siquiera pensaba en ver TV. Mamá veía sus novelas y a veces papá veía televisión, pero yo no. Yo siempre estaba en los parques y acaso jugando pelota informalmente”.
 

Aunque la mayor parte de los jugadores dominicanos firman sus contratos profesionales en su adolescencia, Valdez empezó tarde debido a problemas de salud y la indiferencia de los scouts. Tenía 21 años cuando los Astros lo detectaron en un entrenamiento en Guayacanes y lo firmaron con un bono de US$10,000.

El repertorio del zurdo Valdez incluye una bola rápida baja, una curva de casi 80 mph y un cambio ocasional. Los expertos del béisbol conocieron sobre su versatilidad en un perfil que publicó The Athletic en 2019 y en el cual se reveló que es un lanzador ambidextro capaz de lanzar con el brazo derecho a unos 85 mph.


Ahora que está conociendo a los competidores, Valdez ha aprendido de Marcus Stroman, de los Cubs y su pelotero favorito de todos los equipos en Grandes Ligas debido a su actitud enérgica y confiada en el montículo. En la cueva de los Astros, Valdez escucha salsa y merengue en sus audífonos, y baila con sus compañeros de equipo para mantenerlos animados. Los más atentos entre ellos pueden ver lo duro que Framber trabaja en los detalles.

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“Su rutina de entrenamiento entre apariciones es comparable a la de cualquier otro con quien yo haya jugado o que haya visto”, dijo el receptor Jason Castro de los Astros. “Como lanzador nuevo que acaba de tener un año regular extendido, su preparación le permitió mantenerse fuerte todo el año”.


Además de todo el confort que su emblemático proyecto traerá a la feligresía del Pastor Antonio, Valdez cree que la iglesia es otra lección de vida que puede compartir con sus tres hijos, Nicolás (de 8 años de edad), Franmy (de 2 años) y Frayker (de un año). Dentro de unos años, la iglesia en Guayacanes será monumento viviente a la generosidad del padre de los chicos.

“Hay gente que hace esto por ganancia y por negocio”, dijo Valdez. “Sólo le pido a Dios buena salud y bendiciones para mí y para mi familia. No he hecho un trato con Dios, ‘Si te construyo esta iglesia, dame esto’, porque no me gusta eso. No me gusta sentir que este es un asunto de negocios. Estoy haciendo esto porque hice una promesa”.